Imágenes de músicos de jazz en la intimidad

Música 07/08/2017 Por
Un nuevo libro del fotógrafo Jean Pierre Leloir condensa imágenes de los más grandes músicos del jazz en momentos cotidianos, y familiares.
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Antologías y lujosas monografías, profusamente ilustradas, abundan en torno al jazz, su historia, sus protagonistas. Suelen ser volúmenes que quedan bien porque ese género musical, y sobre todo sus iconos, poseen por regla general un aura, un atractivo, una épica rayana con la inmortalidad que los hace fascinantes e irremediablemente atractivos. No es tan habitual, sin embargo, encontrarse
con un volumen que tenga todos esos ingredientes y que además su materia prima sea prácticamente inédita.

Miles Davis tomando el sol en la playa, unos jóvenes Quincy Jones y Sarah Vaughan relajados y distendidos en casa del primero, Louis Armstrong con pantalones arremangados soplando su gloriosa trompeta, John Coltrane ensayando en una habitación de hotel, Nina Simone y su hija bañándose en la piscina, Billie Holiday especialmente triste fuera de foco, un irreconocible Don Cherry encima de una motocicleta recorriendo las calles de París, una feliz Ella Fitzgerald en una lancha de recreo en Cannes...

Eso es parte de lo que contiene Jazz Images, un libro que recoge las fotos de Jean-Pierre Leloir. Detrás del simple enunciado cabe decir que Leloir (París, 1931-2010) era un reputado y con el paso del tiempo legendario fotoperiodista, y que además de su pericia técnica y el don de la oportunidad, era un gran amante del jazz y de otros estilos musicales, y sobre todo poseía una habilidad indiscutible para introducirse en el círculo más íntimo de los músicos, muchos de ellos auténticas estrellas. Y en la mayoría de los casos, personajes tradicionalmente reacios a mostrarse más allá de la fachada profesional. Además de los ya citados, la galería de captados por su objetivo durante su paso por Francia en los años cincuenta, sesenta y setenta incluye a Chet Baker, Michel Legrand, Count Basie, Duke Ellington, Anita O’Day, Dave Brubeck, Herbie Hancock...

jazz-coltrane ensayandoJohn Coltrane ensayando en su casa

Buen momento, pues, para recordar la dimensión y el arte del fotógrafo francés gracias a la aparición del citado Jazz Images (Elemental Music Records), un lujoso volumen de unas 160 páginas en donde se recogen algunas de sus mejores imágenes, muchas inéditas, sacadas de su archivo parisino. Otro dato significativo es que los autores de la recopilación son Gerardo Cañellas y Jordi Soley, dos referencias bien conocidas dentro del circuito jazzístico local y nacional. El libro, publicado de momento sólo en inglés y editado en Barcelona, nació “de una manera quizás no casual pero sí improvisada”, cuenta Soley, distribuidor, productor, coleccionista de discos de jazz y antiguo propietario de la tienda barcelonesa Jazz Collectors. Al igual que Cañellas –fotógrafo, promotor, también coleccionista de discos de jazz y empresario mallorquín– conocían la obra de Leloir porque han estado empleando sus fotografías para ilustrar las carátulas de la colección de vinilos The Jean-Pierre Leloir LP Collection, una serie de medio centenar de obras cumbre de la historia del género que han estado editando estos años con gran aceptación.

jazz-Nina Simone en la piscinaNina Simone en la piscina

El caso es que “al entrar en el archivo de Leloir, nos quedamos maravillados, pero también sorprendidos”, recuerda Cañellas (que posee, también, la colección de libros de fotografías de jazz más importante de Europa), porque la calidad del material es extraordinaria, todo está milimétricamente ordenado y protegido, y eso paradójicamente nos dio muchísimo trabajo. No hay que olvidar que su archivo cuenta con más de 100.000 fotografías de las que sólo el cinco por ciento están digitalizadas”. Y luego estaba el hecho de tener que elegir entra tantas imágenes, “porque todas tenían una calidad tremenda; ante el dilema de dejar de lado por ejemplo fotos históricas, al final nos inclinamos por seguir nuestro gusto y las que más nos sorprendían”, añade el coeditor barcelonés. Cañellas apostilla que “la intención también ha sido salir un poco de lo que ya estaba publicado anteriormente de sus fotos; de hecho ya existían dos libros recopilatorios de parte de su obra. Y sí, lo que al final más ha pesado al coger ésta y no aquella ha sido el momento de cada foto, la emoción que genera”.

jazz-gillepies jugando ajedrezGillespie jugando ajedrez

El texto introductorio de la obra lo escribe el productor, músico y compositor Quincy Jones, que reconoce la emoción que sintió al ver la foto en que aparece junto a Sarah Vaughan en 1958 escuchando música en un magnetofón en su piso de París: “Leloir era mucho más que un fotógrafo, era un preservador de historias que tenía un talento único para preservar toda la atmósfera y emociones del momento; no se comportó nunca como un paparazzi sino como un amigo”. Esa cercanía humana fue uno de sus grandes patrimonios. Su carrera arrancó, se ha escrito, cuando un soldado norteamericano le pidió en la Segunda Guerra Mundial que le sacase una foto, y al ver la expresión del sujeto en ese momento decidió dedicarse a la fotografía. Más allá del jazz, su nombre también brilló en el ámbito roquero (Hendrix, Zappa), chansonnaire (Brel, Brassens, Ferré), transestilístico (Stravinsky, Marley, Joplin, Piaf), y era habitual en los backstages parisinos o los festivales de Cannes o Antibes. Y allí hizo amigos y supo granjearse confianzas, porque, como explica su hija Marion y albacea del archivo, “mi padre siempre se preocupó por preservar la privacidad de los artistas que fotografiaba (...) hacía incontables esfuerzos por pasar desapercibido”. Máxima prueba de haberlo conseguido: un John Coltrane ¡sonriente! en el camerino del Olympia en noviembre de 1961.

La emoción y la cercanía brillan, pero también el contexto histórico. El relajo que exteriorizan, por ejemplo, Miles Davis en una extraordinaria serie en la playa de Juan-les-Pins, Dizzy Gillespie jugando al ajedrez con admiradores en Antibes o Nina Simone y su hija en la piscina de un hotel junto a clientes blancos (tomadas a principios del decenio de los sesenta) son reveladoras. En los años cincuenta y sesenta muchos músicos e intérpretes estadounidenses de la escena sobre todo jazzística descubrieron el mercado y los escenarios europeos, especialmente los franceses. Una realidad cotidiana donde eran tratados de igual a igual, cuando no como estrellas, mientras que en su país de origen la segregación racial estaba en su esplendor.

El libro, en formato LP, incluye también un disco compacto con 18 piezas seleccionadas de entre aquel medio centenar de álbumes legendarios con portadas de Leloir antes mencionado. Asimismo, el aficionado podrá deleitarse con las imágenes en forma de exposición que a partir del 4 de octubre se podrá visionar en las FNAC de L’Illa y El Triangle coincidiendo con la celebración del Festival de Jazz de Barcelona.

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