Recordando la pasión de Borges

En el día del lector que se conmemora en homenaje a Jorge Luis Borges, lo recordamos en su lado menos conocido, pasional y romántico.
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Las cartas de amor que Jorge Luis Borges envió a Estela Canto, y que ella incluyó en su libro Borges a contraluz , se han convertido en una revelación de un Borges ardiente, sentimental, desesperado por la certeza de que su pasión no era correspondida, atrajo el interés de lectores que tal vez lo imaginaban demasiado frío y distante, entregado sólo a la elaboración de sus calculadas tramas de ficción. La primera edición del libro, de 3.000 ejemplares, se agotó en un mes.

"Hoy, viernes 18. Querida Estela, no sé cuándo leerás estas líneas, no sé si estás aquí o en el Uruguay ( ... ) Me abruman las tareas: un prólogo para Las novelas ejemplares, otro para el Paradise lost, otro para un libro de Emerson; un cuento para un libro mío ( ... )". Todas las cartas dirigidas a la "querida Estela" (a quien dedicó el cuento El aleph), Borges las firmó con su nombre en diminutivo en inglés, Georgie, tal como lo llamaban sus amigos más íntimos.Aun cuando, en el libro, Estela Canto trata de echar luz sobre ese otro Borges menos conocido para el gran público y no especula con la relación entre ambos, el interés se sostiene principalmente por el capítulo dedicado a las cartas. La relación, que se mantuvo amistosamente casi hasta la muerte del escritor, en 1986, fue particularmente intensa al comienzo, cuando Borges inició su asedio amoroso. Ese hombre ya maduro, reconocido públicamente como un gran escritor, ocultó el rostro de adolescente enamorado que tuvo entre los 45 y los 52 años. Cuando el dolor de la ausencia era demasiado intenso, Borges le escribía a su "querida Estela" en inglés: "Santiago tiene un sabor propio, un sabor triste, intenso. La tierra es amarilla. El suelo es arena en su mayor parte, el verde es realmente gris. Hay varias casas viejas y bonitas, de gran belleza y nobleza. Te echo de menos todo el tiempo". Estela, ahora, recuerda: "En momentos de exaltación o gran dolor, Borges. escribía en inglés. Una manera más de cubrir sus entusiasmos, sus sentimientos, una forma de su pudor. Esta carta es del segundo periodo de nuestras relaciones".

Uno de los cuentos más célebres de Borges, El Aleph, está dedicado a Estela Canto.

"Hoy, viernes 18.
Querida Estela:

No sé cuándo leerás estas líneas, no sé si estás aquí o en el Uruguay. Creo que este año prescindiré de otras vacaciones que las que me tocaron en Adrogué. (Ahí están derribando los eucaliptos para edificar un colegio.) Me abruman las tareas: un prólogo para las Novelas Ejemplares, otro para el Paradise Lost, otro para un libro de Emerson, un cuento para un libro mío, antológico, que ilustrará Elizabeth Wrede, la lectura (nominal) de cuatro volúmenes para el Premio Nacional de Filosofía, la de otras tantas piezas de teatro para un certamen, la innumerable redacción de solapas, noticias y contratapas. Nunca, Estela, me he sentido más cerca de ti; te imagino y te pienso continuamente, pero siempre de espaldas o de perfil. Fuera de los Bioy no veo a nadie. Te deseo mucha felicidad,

Georgie."

La crítica Nora Puppo literaria asegura que "Borges le dijo a Estela que quería escribir un cuento sobre un lugar que encerrara todos los lugares del mundo, y le sugirió que podía ayudarle en la enumeración de los objetos que deseaba nombrar. El Aleph, en realidad, fue al principio el caleidoscopio de juguete que Borges descubrió, y que Toño -el hijo de la muchacha que servía en lo de Estela- rompió ante el asombro del propio Borges. Esto sucedió en un apartamento en la esquina de las calles Chile y Tacuarí, la misma del bar desde donde Borges llamaba todas las mañanas a Estela para anunciarle su visita. Mientras tomaba su vaso de leche y hacía tiempo, un camarero del bar le dio de cambio una moneda de 20 centavos que se convertiría en El Zahir, y que Borges mostraba eufórico en la palma de su mano".

Estela Canto describe también el amor que Borges tenía por ella: "Me quería, yo le admiraba intelectualmente y gozaba con su compañía. Caminábamos tomados de la mano, nos besábamos y abrazábamos. El amor de Borges era romántico, exaltado, tenía una especie de pureza juvenil. Al parecer se entregaba completamente, suplicando no ser rechazado, convirtiendo a la mujer en un ídolo inalcanzable al cual no se atrevía a aspirar. No era sentimental, sino lírico".

El fin

El propio Borges anunció en sus cartas el final del cerco amoroso: "(... )Éstas son, lo prometo, las últimas líneas que me permitiré en este sentido; no volveré a entregarme a la piedad por mí mismo. Querido amor, te amo, te deseo toda la dicha; un vasto, complejo y entretejido futuro de felicidad yace ante nosotros. Escribo como algún horrible poeta prosista. No me atrevo a releer esta lamentable tarjeta postal. Estela, Estela Canto, cuando leas esto estaré terminando el cuento que te prometí, el primero de una larga serie. Tuyo. Georgie".

Poco después, un miércoles por la mañana, Borges comienza a escribir en castellano la última tarjeta postal en la que introduce dos párrafos en inglés: "No hay ninguna razón por la que dejemos de ser amigos. Te debo las mejores y quizá las peores horas de mi vida, y eso es un vínculo que no puede romperse. Además, te quiero mucho. En cuanto a lo demás, me repites que puedo contar contigo. Si ello fuera obra de tu amor, sería mucho; si es un efecto de tu cortesía o de tu piedad"; y en inglés: "no puedo decentemente aceptarlo. Amar o incluso salvar a un ser humano es un trabajo de todo el tiempo, y creo que no puede ser exitoso si se realiza en momentos perdidos". Y sigue en español: "Estela, Estela, quiero estar contigo, quiero estar contigo, quiero estar silenciosamente contigo. Ojalá no faltes hoy a Constitución".

Fuente elpaís de España

El apice cultural

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