Comer como Leonardo Da Vinci hubiese querido

El lado menos conocido de Leonardo Da Vinci quizás sea el más cotidiano de todos, el culinario.
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i empezara nombrando “La Mona Lisa”, “El hombre de Vitruvio”, o “La última cena”, cualquier lector sabría de quien se está hablando, pero si dijera que uno de los primeros organizadores modernos de la cocina fue el mismisimo Leonardo Da Vinci, pocos lo sabrían.

Además de ser un gran arquitecto, escultor, pintor, y diseñador, también pensó en la vida cotidiana y ayudó a la modernidad a lograr tener una cocina organizada y utensilios que quizás otro no hubiese pensado.

En uno de sus empleos, logrados por la recomendación de Lorenzo de Medici a Ludovico Sforza, (el señor
de Milán) fue como el genio de todos los tiempos empezó a trabajar como “Maestro de banquetes” en la corte de la familia real.

“El polémico cocinero de Ludovico”, como se lo conocía en el castillo, tuvo su primera gran decepción al ser rechazado su primer menú para la preparación del casamiento de la sobrina de la familia Sforza.

Si bien el menú, hoy sería considerado de cinco tenedores, en esa época todavía no se categorizaban así y su carta en cuestión, que tenía entre otros ingredientes, huevos de avefría (ave zancuda de color negro), dos mitades de pepinillos en una hoja de lechuga, pechuga de curruca (pajaro insectivoro de Europa), y testículos de cordero, no tuvo lugar entre los responsables de la cocina, quienes decidieron cocinar algo más tradicional: Salchichas de Bolonia, patas de cerdo, terneras y pavos.

No obstante este mal paso de Leonardo, Ludovico Sforza le encomendó que lo ayudara a reorganizar y a reformar la cocina del castillo.

Fue así como aparecieron los primeros “Apuntes de cocina” de Leonardo, en los que podemos destacar las ideas revolucionarias cuando escribió: “Será necesaria una fuente de fuego constante, con provisión permenente de agua. Un piso siempre limpio. Herramientas a mano para rebanar, cortar, pelar y moler. Luego un artefacto que aleje los olores de su cocina para tener un ambiente agradable y libre de humos. Y finalmente un artefacto para alejar las ranas de los barriles” (Manuscrito hallado en la biblioteca del Vaticano)

Con estas ideas puso manos a la obra y comenzó a diseñar mediante una serie de dibujos los aparatos que consideraba necesarios.
Así pues empezó a estudiar el poder de la combustión de la madera para elegir la que más fuego podía darle.
Diseñó un asador automático para evitar que hubiese una persona permanente dando vueltas el espolón.
Fabricó una especie de caldera con tubos calentados con carbón encendido por donde circulaba agua que aseguraba agua hirviendo siempre.
Colocó unos grandes fuelles colocados en el techo de la cocina, que eran accionados por un martillo unido a una manivela, que a su vez giraba por el movimiento de un caballo, disipando los olores. Y finalmente diseñó una vanguardista alarma contra incendios que activando la canilla cuando la cocina se prendiera fuego lanzaba chorros de agua por la tubería que había hecho colgar del techo, junto a los fuelles.

Pero no sólo inventó artefactos para la cocina, también pensó la mejor forma de cocinar ciertos alimentos o de mejorar la calidad de la mesa de los comensales, al idear lo que hoy conocemos como “servilleta”. Prueba de ello es la trascripción de uno de los informes de Pietro Alemanni del 1491 al citar a Leonardo contando una conversación escuchada entre éste y Ludovico Sforza “Después de observar atentamente los manteles de Mi señor, cuando los comensales ya se han retirado y encontrándome con tan desoladora escena he encontrado una alternativa para conservarlos limpios. Creo que en la mesa, debiera cada uno, tener su propio paño, que una vez sucio de limpiar en el las manos, boca y cuchillos, podría doblarse para no profanar la imagen de la mesa con semejante suciedad”

Esta visto que los escritos de Leonardo demuestran que su preocupación por la cocina era más importante que la que se conoce con relación a sus otros inventos, pero en una de sus anotaciones puede leerse: “Máquinas que todavía debo construir para agregar a mi cocina: para cortar en cubos un cerdo. Para desplumar patos. Para prensar una oveja. Para hacer pure. Sin embargo ¿cómo voy a accionarlas? ¿Por viento? ¿Por agua? ¿Mediante manivelas o ruedas dentadas? ¿Por bueyes?”

Las ideas de Leonardo no se limitaban al diseño de artefactos o a la invención de elementos para comer mejor, sino también se extendían a las cuestiones protocolares de los comensales cuando aconsejaba que “a los invitados enfermos que padezcan enefermedades horrendas, y no me refiero a la peste, sino a los que sufren sífilis o escrófula, al igula que aquellos que tengan heridas abiertas (mientras no sean Cardenales o Hijos de Papas) no se los debe ubicar cerca de Mi señor Ludovico y si ,entre otros de menor rango o extranjeros.”

La practicidad que buscaba Da Vinci tanto en la preparación de la comida, como en la posterior limpieza de los elementos utilizados para comer reflejaban una mentalidad adelantada a la época que marcaba claramente la impronta que preponderaba la imagen del ser humano y la utilización de la perspectiva, que finalmente abrió los caminos hacia todos los aspectos de la vida.

En todo el mundo se deslumbran con la veracidad de imagen que presenta la cara de la Gioconda, pero también y aunque más desconocido, es que el creador de esa obra haya estado preocupado en darle el confort, que siglos después recogieran las empresas tecnológicas para desarrollar ideas que ese hombre tuvo en su propia cocina.y que extendió al mundo entero.

Por eso, hoy, siglos después, podemos decir que como él hubiese querido cocinamos organizados, sin humos, ni olores y usando servilletas al comer.

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