Roma, Italia.

Lugares 01/09/2017 Por
La Ciudad eterna.
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1 / 8 - Piazza Navona.

     El Coliseo, La Fontana de Trevi, El Foro Romano, La Basílica de san Pedro, La Capilla Sixtina, El Trastévere… Roma, la ciudad eterna no necesita presentación. Roma ha recibido muchos calificativos a lo largo de la historia, pero quizás el que mejor la define y por el que casi todos la conocen es el de la "Ciudad Eterna". Creo que es imposible definirla en pocas palabras, pero si puedo contarles las sensaciones que me produjo. Roma es un lugar para enamorarse, para caminar y recorrer despacio, saboreándola, sin apuro, un lugar para asombrarse y embriagarse de belleza, para aprender historia y para deleitarse. Una ciudad para vivirla a pleno con sus innumerables atractivos y posibilidades para todos los gustos y bolsillos; dormir en un bed and breakfast, en un hostel, alquilar un departamento o reservar un hotel 5 estrellas; comer a lo grande, disfrutar de un panino debajo de los majestuosos arboles del parque de la villa Borghese o sentarse en el foro romano sólo a observar, a dejar pasar el tiempo, ese tiempo infinito que habita en esa tierra milenaria; también puede hacer compras de lujo o comprar souvenirs en la terminal de trenes de Termini, acostarse temprano para descansar o salir a disfrutar de la noche romana hasta la madrugada, en fin, cientos de opciones para pasar un fin de semana o unas vacaciones inolvidables. Todo eso es Roma.

Hacía tiempo que quería escribir sobre mis lugares favoritos de Roma, y como un amigo ha estado recientemente en Italia y pasó a visitarme, pues me ha refrescado un poco la memoria cuando trajo las fotos y las vimos sentados en el salón de casa. Hoy les voy a contar de mis lugares predilectos de la ciudad eterna. Sería un tanto difícil y complejo hablar de toda la ciudad en poco espacio, así que lo he limitado sólo algunos lugares de la ciudad de las siete colinas. Como siempre, bajo criterios personales, seguramente que otra persona comentaría de otros sitios diferentes, pero estos son los míos:

El monte Palatino.

En latín Collis Palatium o Mons Palatinus forma parte de la llamada Roma Quadrata. El Palatino es la más céntrica de las siete colinas de Roma, y la de menor elevación: se alza a 50 m​ sobre el Foro Romano, quedando entre éste y el Circo Máximo. El Palatino es una de las áreas más antiguas de la ciudad de Roma, con yacimientos arqueológicos que datan en torno al año 1000 a. C. Tradicionalmente, el Palatino es el lugar donde Rómulo fundó Roma, y donde fijó su residencia. Durante el Imperio romano, el Palatino fue la residencia oficial de los emperadores de Roma, que tenían su palacio en la colina. De hecho, el origen etimológico de la palabra ‘palacio’ en muchos idiomas (palazzo en italiano, palace en inglés, palais en francés) se encuentra en el monte Palatino, de donde deriva el latín palatium. El Palatino es hoy un gran museo al aire libre que puede visitarse durante el día por un pequeño recargo con el mismo billete que el Coliseo. Hay dos entradas, una cerca del Arco de Tito en el foro romano y la otra en Via di San Gregorio, la calle que queda justo detrás del Arco de Constantino, a 200 metros solo de él, alejándose del Coliseo.

El Pantheón.

El Pantheon es un claro ejemplo de los extraordinarios logros arquitectónicos obtenidos en la antigua Roma. Su estructura simple y armoniosa es el resultado de la introducción de una esfera en un cilindro, ya que la altura máxima del edificio es igual a su diámetro. En su interior se albergan las tumbas de artistas importantes, como por ejemplo la de Raffaelo; y las de los soberanos del Reino de Italia. Frente al Pantheon se halla la Piazza della Rotonda, en cuyo centro se encuentra la fuente ideada por G. Della Porta.

Probablemente sea el lugar que más me gustó de Roma. Más de 2.000 años y todavía no logro entender cómo pudieron levantar esa maravilla de cúpula (aunque haya una explicación lógica y matemática), la mayor bóveda de mampostería jamás construida por el hombre. Llegar hasta el Pantheón es muy sencillo. Sólo hay que tomar un autobús o el tranvía que los deja en Largo di Torre Argentina. Desde allí, el recorrido hasta la Piazza della Rotonda está perfectamente señalizado.

La Fontana di Trevi.

Ubicada en la Piazza di Trevi, esta fuente es una obra maestra del Barroco. La fuente está situada en el cruce de tres calles (tre vie), marcando el punto final del Aqua Virgo (en italiano, Acqua Vergine), uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma. A medida que uno se va acercando se siente el murmullo del agua que cae como si estuviera en una cascada de montaña. La primera visión de la Fontana di Trevi es de esas que quedan marcadas a fuego en nuestra retina. Esta obra maestra de Nicola Salvi es gigantesca, aunque el proyecto de Bernini fue desechado en favor del Salvi, hay muchos detalles del primero en la fuente tal como fue construida. Sus formas y su belleza son comparables a las de Anita Ekberg en película La dolce vita. (La dolce vita es una película italiana de 1960 escrita y dirigida por Federico Fellini, con la actuación de Marcello Mastroianni, Anita Ekberg y Anouk Aimée) No se olviden de tirar una moneda de espaldas a la fuente con la mano derecha por encima del hombro izquierdo y pedir tres deseos. Una leyenda dice que los visitantes que arrojan una moneda a la fuente aseguran su regreso a Roma. Yo lo hice y me resultó. Y seguiré vistándola.

Piazza di Spagna.

Esta plaza y su magnífica escalinata de impresionante belleza, es una zona también repleta de turistas, artistas, peregrinos y por supuesto muchos romanos. La Scalinata Della Trinitá dei Monti (La escalera española) es realmente preciosa y su ascensión tiene como recompensa unas vistas estupendas. Mi recomendación es que la visiten tanto de día como de noche.  Este bellísimo lugar en el centro de Roma es famoso por su escalinata, obra de Francesco de Sanctis (1723-26) y por su fuente con forma de barca semihundida en el agua y conocida con el nombre de “La Barcaccia” (ideada en 1629 por Pietro Bernini y su hijo, Gian Lorenzo). En la cúspide de la escalinata se encuentran la Iglesia de la Santísima Trinidad en el Monte Pincio (realizada por encargo del Rey Luis XII de Francia en 1502).  La Plaza de España es el punto de inicio de las calles que albergan las tiendas de moda de las marcas más famosas del mundo, y de algunos lugares y locales íntimamente ligados a la historia y la cultura de esta Ciudad, como por ejemplo el Café Greco de la Via dei Condotti.

Via dei Condotti.

La Via Condotti es una de las calles más famosas de la ciudad. En la época de la Antigua Roma fue una de las calles que cruzaban la antigua Vía Flaminia y permitía que las personas que cruzaban el Tíber llegaran a la colina de Pincio. Hoy la realidad es totalmente distinta, en esta calle y sus alrededores se respira el lujo; Valentino, Louis Vuitton, Prada, Dolce & Gabbana, Dior y un largo etcétera de tiendas sólo aptas para billeteras generosas y holgadas. Totalmente recomendable pasear por sus veredas y observar sus tiendas, seguramente lo dejará sin aliento. Dese un gusto y siéntese a tomar un café espresso y saboree unos amarettis mientras observa el movimiento de la ciudad.

Villa Borghese.

Está situada en el norte de la ciudad y es uno de los parques más populares y visitados de Roma. Para llegar allí hay que tomar el metro hasta la parada de Flaminio, donde está la Piazza del Popolo, y luego caminar hasta la Villa Borghese. La mejor colección de arte privado de la ciudad se encuentra expuesto en el “Museo y Galería Borghese”, también se puede pasear por sus espectaculares jardines, descansar debajo de sus centenarios árboles, dar una romántica vuelta en bote por el pequeño lago, ir al zoológico o simplemente mirar, déjese llevar, contenga el aliento y la respiración y contemple la ciudad.

Plaza Navona.

Si se atraviesa el Tíber por el Puente Sant’Angelo y se prosigue hacia la izquierda, se llega a la Plaza Navona. Vista desde arriba, la plaza tiene la forma de una arena (anfiteatro) ya que fue construida sobre el antiguo estadio de Domiciano, cuyos restos pueden admirarse en la adyacente iglesia de Sant’Agnese in Agone, ideada por el magnífico arquitecto Francesco Borromini. En la plaza pueden admirarse tres fuentes: la Fuente del Moro, la Fuente de Neptuno y la más importante de ellas, situada en el centro, conocida como la Fuente de los Ríos (el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata) esculpida por Gian Lorenzo Bernini. Siguiendo una arraigada tradición, la plaza se transforma en una feria y se llena de puestos de juguetes y de golosinas desde los primeros días de diciembre hasta el día de reyes, el 6 de enero.

Ciudad del Vaticano.

Al llegar al Vaticano, lo que más impresiona y sorprende es la extensión de la Plaza San Pedro. La plaza, rodeada por la espléndida columnata de cuatro filas proyectada por Gian Lorenzo Bernini, se halla frente a la Basílica del mismo nombre. Una vez superada la amplia escalinata a tres niveles, también de Bernini, y ya dentro de la iglesia, la sensación dominante pasa a ser la admiración que se siente frente a la grandiosidad y la riqueza de la iglesia símbolo del cristianismo: 22.000 metros cuadrados de superficie total; una cúpula de 42 metros de diámetro, ideada por Miguel Ángel; 135 metros de altura total; y 330 peldaños que conducen a la cúpula, desde la que se disfruta de una espectacular vista de la Plaza y de la Ciudad. En su interior pueden admirarse numerosas obras maestras: el majestuoso baldaquín de bronce de 29 metros de altura, realizado por Bernini; “La Piedad” de Miguel Ángel; la “Tumba de Clemente XIII”, de Canova; y el mosaico de la “Navicella”, de Giotto, situado en la parte superior de la entrada mediana del pórtico.  Asimismo, los Museos Vaticanos exponen numerosas obras, sobre todo pictóricas, de los Maestros más ilustres de todas las épocas.  Imprescindible la visita a la Capilla Sixtina, uno de los símbolos de la pintura italiana.

Fieles de todo el mundo y amantes del arte acuden en masa para ver la Basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos. Son dos citas ineludibles para todo aquel que visite Roma. Mi consejo es que vayan primero a los Museos Vaticanos (con mucha paciencia y tiempo porque la cola es larga, muy larga). Así de esa forma, luego la cola para entrar a la Basílica de San Pedro se hace más llevadera y es más corta.

El Coliseo.

Es otra de las visitas imprescindibles de Roma. Un imponente monumento íntegro hecho en piedra que se comenzó a construir el emperador Vespaciano en el año 79 (d.C) y que no deja indiferente a nadie. En verano sus puertas abren a las 9 de la mañana. Nosotros  pensamos que la apertura era a las 8,30 hrs., así que estuvimos antes de esa hora allí. Al llegar, éramos los segundos de la cola, sólo superados por un joven japonés. Aunque costó levantarse temprano, pero valió el sacrificio, ya que las colas para entrar son muy largas. Una vez dentro no dejamos de sorprendernos, el Coliseo debe su nombre a que en los alrededores había una antigua estatua de bronce, de más de 35 metros de altura, que representaba al Emperador Nerón. El Coliseo, símbolo de Roma en todo el mundo, fue construido sobre el lugar que había ocupado el lago artificial de la Domus Aurea, un enorme conjunto de edificios y jardines construidos por Nerón como residencia privada, de los que sólo han perdurado algunos restos con decoraciones que inspiraron a los pintores renacentistas. Para construir el mayor anfiteatro jamás edificado en el Imperio Romano, se usaron 100.000 m3 de mármol travertino procedente de las canteras de Tívoli. El Coliseo tenía un aforo de 70.000 espectadores, que asistían a combates entre gladiadores, a cazas de animales salvajes y, al principio, incluso a naumaquias: la arena se llenaba de agua, transformándose en un lago artificial. Cuenta la leyenda que el arquitecto que proyectó el Coliseo obtuvo, como “recompensa” por su labor, que le echaran vivo a la arena entre las fieras, inaugurando así la larga tradición de sangre y crueldad que distingue el monumento que él mismo creó. Durante la Edad Media se transformó en fortaleza y luego en hospital. Hacia la mitad del siglo XVIII, cuando el Coliseo fue consagrado por el Pontífice Benedicto XIV, se dio por concluido el período de devastación y saqueo del monumento.

El Foro Romano. 

Cuando terminamos la visita al Coliseo, cruzamos el Arco de Constantino y fuimos al Foro Romano; caminamos por la Vía Sacra, la Vía Nova, entre los arcos de Tito, de Augusto, de Tiberio y el templo de Julio César y decenas  monumentos más; la sensación es que la historia que leímos y aprendimos en colegio cobra vida a cada paso que damos y se nos viene encima. Este lugar representaba el poder de Roma en el mundo, desde aquí se gobernaba el Imperio. Su esplendor duró hasta la caída de la Edad Antigua, con el final del Imperio los templos y basílicas se fueron desmoronando lentamente y solo perduraron aquellos que fueron convertidos en iglesias cristianas o fortalezas. Ya durante el siglo VII a.C. en él se celebraban actos políticos, religiosos y comerciales. Al primer Foro Romano se le fueron añadiendo sucesivamente los Foros Imperiales: el Foro de César, el Foro de Augusto, el Foro de Nerva, el Foro de Vespasiano y el más imponente de todos, el Foro de Trajano, del que aún pueden admirarse su Columna y sus Mercados. Sencillamente extraordinario.

El Trastevere.

Realmente el Trastevere no tiene ningún monumento muy destacado si lo comparamos con el resto de Roma, pero es uno de los barrios con más encanto y belleza de la ciudad eterna. Quizá por eso, pero es una de las zonas que más me gustan de la ciudad. ¿Por qué? Tal vez por el ambiente tranquilo de sus calles donde parece que el tiempo se hubiera detenido. Es como pasear por un pueblito, con casas unifamiliares no muy altas y con fachadas de colores con cuidados y floridos jardines. Dicen que por la noche se transforma y que el ambiente nocturno de sus bares, clubes, restaurantes y cines es de lo mejor de toda la ciudad. En fin, que el paseo por el Trastevere es muy recomendable, un lugar muy agradable y auténtico para perderse unas horas y eludir las masificaciones de turistas que son tan típicas en Roma.

Merece la pena andar sin rumbo y descubrir la magia y el hechizo de este barrio y el encanto de toda Roma, la ciudad eterna estará por siempre con los brazos abiertos para recibirlo.

Hasta el próximo encuentro.

Omar E. Magrini

 http://www.turismoroma.it

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