Lo paradojal de la vejez

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El libro Deseo y negación de reciente lanzamiento pone en evidencia temas que justifican el título de la obra.
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Prácticamente casi todas las culturas consideraron en la antigüedad la longevidad como un motivo de orgullo. Eran los ancianos los depositarios del saber; alcanzar la vejez significaba un privilegio, casi una recompensa divina dispensada a los justos.

Sin embargo a partir del Renacimiento en adelante nace un espíritu individualista que rechaza todo aquello que representa fealdad, decrepitud y decadencia.

No cabe duda que en la actualidad estamos en una época en que no se genera el mejor ámbito para los ancianos ya sea desde el diseño de las ciudades como por las familias nucleares con nexos flojos que contribuyen a cierto desamparo. Una sociedad en que el treinta por ciento de la población es mayor de sesenta y cinco años no puede mantener valores antiguos del pasado sino que debería transformarlos.

La paradoja de esta vida radica en que por un lado nos encontramos con el modelo de "viejismo", es decir, comienzo, plenitud y decadencia, y por el otro el paradigma del "cuerpo joven" excesivamente delgado y muy lejos de todo lo que pueda significar marcas del tiempo transcurrido.

Resulta obvio que no se espera recibir a las arrugas con alegría ni celebrar la disminución de energías, pero lo que sí se puede es desarrollar la capacidad de reelaborar el concepto de belleza como el reemplazo de ciertas actividades por otras que pueden ser igualmente placenteras y fuente de emociones positivas.

En estos tiempos que corren hay un discurso que privilegia un cuerpo hegemónico donde no hay lugar para el envejecimiento; un mensaje contra el paso del tiempo que va dirigido a diferentes grupos y clases sociales, con la paradoja que en una sociedad donde la esperanza de vida es cada vez más alta, pasamos la mitad de nuestras vidas sin que nuestro cuerpo se asemeje a las normas de belleza que la sociedad impone.

En esta lucha "contra la vejez" tanto las publicidades como en las revistas de moda se mantiene la imagen de jóvenes para promocionar sus productos y cuando aparece el tema de la vejez es para combatirla o negarla, es decir, invisibilizarla. También el ocultamiento de la vejez se hace presente en los medios de comunicación. La falta de representatividad funciona como un velo porque se habla y muestra menos adultos mayores que otras edades a pesar de que millones de mayores son definidos como grandes consumidores de medios.

La sociedad actual no dispone, al menos todavía, de una cultura de la vejez, lo que hace que en muchos contextos culturales el adulto mayor no sea bien valorado y se lo considere como alguien que está llegando a su fin y no como aquel que tiene el mérito de haber recorrido un largo camino.

Cuántas veces escuchamos decir "qué malo es llegar a viejo"; sin embargo la aspiración de una larga vida es el deseo de todo ser humano -casi como una ironía- independientemente de la época o la cultura.

El desafío será ser "mayor" o "viejo". Este último tiene cataratas en sus ojos que miran las sombras del ayer; aquél pone la vista en el horizonte donde el sol sale e ilumina sus esperanzas.

Nota de la redacción: el autor acaba de lanzar "Deseo y negación" EDITADO POR WGT EDICIONES.

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