100 años de una revolución que cambió el mundo

La Revolución rusa mostró al mundo que, cuando los trabajadores actuaron como colectivo, poniendo en pie organismos como los soviets y con un partido dirigiendo a su vanguardia, se puede modificar el rumbo de las cosas.
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La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, anunció Marx en el Manifiesto Comunista. Los grandes saltos históricos se produjeron cuando las clases intervinieron como tales. En la Antigüedad, las rebeliones de esclavos; en el Medioevo, los levantamientos campesinos; la burguesía, en las grandes revoluciones del siglo XVIII; y en el Capitalismo, la clase obrera.

Muchos nombres, una revolución

Al principio la revolución llevó el nombre de “Alzamiento de Octubre” o “Alzamiento del veinticinco de Octubre”, como aparece en los artículos escritos por el líder de los bolcheviques, Vladímir Lenin, incluidos en las primeras ediciones de sus obras completas.

En la época de la Unión Soviética, para resaltar la trascendencia del acontecimiento, el alzamiento fue nombrado “La Gran Revolución Socialista de Octubre”. En los estudios de los historiadores europeos figuró como “La Revolución bolchevique” y también como “La tercera revolución rusa”.

Los historiadores dan el nombre de la “primera revolución rusa” a los acontecimientos políticos ocurridos entre los años 1905-1907 y que condujeron a las reformas en el campo ruso y a la creación del primer Parlamento nacional, la Duma estatal que, sin embargo, no limitó el poder del monarca ruso Nicolás II.

En febrero de 1917 en medio de las derrotas de Rusia en la Primera Guerra Mundial y la profunda crisis económica y social, se produjo la segunda revolución, que llevó a la abdicación del zar y a la creación de un Gobierno provisional que debería preparar las bases del régimen republicano y parlamentario. Así, el levantamiento armado de octubre de 1917 sería entonces la tercera revolución rusa.

Los aniversarios de la Revolución de Octubre se conmemoraban en la Unión Soviética el día siete de noviembre. Esta fecha se debe a que en 1918 los bolcheviques adoptaron oficialmente el calendario gregoriano (estilo nuevo), según el cual la revolución estalló el siete de noviembre, en lugar del veinticinco de octubre como correspondía al calendario juliano (estilo antiguo), vigente en aquel año.

Historia

La situación excepcional de la guerra, el derrumbamiento del aparato del estado con deserciones masivas de soldados, el descrédito de las opciones más moderadas y el activismo disciplinado de los bolcheviques explica como una minoría marxista radical consiguió hacerse con el poder en las capitales rusas en noviembre de 1917.

En julio de 1917 los monárquicos protagonizaron un intento de golpe de Estado. El comandante jefe del Ejército ruso, Lavr Kornilov, envió regimientos de cosacos a Petrogrado para destituir el Gobierno provisional y disolver los sóviets. El intento de golpe fracasó pero el Gobierno provisional lo utilizó como pretexto para a su vez disolver los sóviets ( fueron la fuerza motriz con la que los bolcheviques aspiraban a tomar el poder) , establecer la pena capital en el Ejército y en la Marina de guerra y emprender de nuevo las ofensivas en los frentes.

Los bolcheviques pasaron a la clandestinidad pero no abandonaron los preparativos para la toma del poder. 

Tras muchas dudas por parte de los dirigentes bolcheviques, Lenin se decidió a actuar. Su partido controlaba en ese momento el Soviet de Petrogrado y Trotsky, el otro gran líder bolchevique, que dirigía el denominado Comité Militar Revolucionario, dio la orden de asaltar el poder a la Guardia Roja, una milicia de soldados revolucionarios controlada por el partido de Lenin.

El golpe de estado del 7 de noviembre fue un éxito. El gobierno provisional fue destituido y sus miembros huyeron o fueron arrestados. Lenin se puso al frente de un gobierno de los Comisarios del Pueblo basado en un partido de doscientos mil miembros que proclamaba su dominio sobre un estado de más de ciento setenta millones de habitantes.

El Congreso de los Soviets reunido en aquel momento decidió apoyar el golpe de estado y aceptar el nuevo gobierno. Muchos mencheviques (seguidores de Trosky)  y socialistas revolucionarios protestaron y dimitieron antes de aprobar un golpe de estado ilegal. Trotsky entonces los despidió diciendo que: “Son unos penosos individuos aislados; están corruptos; ya no pintan nada. Márchense ahora mismo a donde pertenen, ¡al vertedero de la historia!”.

Ni bien asumieron el poder, los dirigentes del nuevo ejecutivo aprobaron dos decretos con los que buscaba el apoyo de las clases trabajadores:

El primero era el Decreto de la paz, en el que se proponía a todos los contendientes una inmediata paz sin anexiones ni reparaciones. De hecho, los bolcheviques firmaron el armisticio con Alemania en diciembre de ese año. El segundo el Decreto de la tierra, estableciendo la expropiación de los terratenientes y el reparto de la tierra entre los campesinos.

Lenin trataba así de afianzar su poder. No pudo evitar en contra de su voluntad que se celebrasen las prometidas elecciones a la Asamblea Constituyente con un resultado claro: Los bolcheviques solo consiguieron un cuarto de los diputados en una asamblea donde los socialistas revolucionarios eran mayoritarios. La respuesta del gobierno de los Comisarios del Pueblo fue fulgurante: la Guardia Roja disolvió la Asamblea el 5 de enero de 1919. En adelante, el gobierno de Lenin basó la legitimidad de su gobierno en los Soviets, controlados férreamente por los bolcheviques. Se trataba de justificar la dictadura comunista y presentarla como una democracia basada en los Soviets.

Desde un principio, los comunistas, como empezaban a ser denominados los bolcheviques, fueron estableciendo las bases de la dictadura. En diciembre de 1917, antes de la disolución de la Asamblea, un decreto había creado la Checa, la policía política, dirigida por Felix Dzerzhinsky. Las demás fuerzas políticas, incluyendo a mencheviques y socialistas revolucionarios, fueron prohibidas y perseguidas.

Entre la población de Petrogrado, que no participó en el levantamiento, nadie creía que los bolcheviques conservarían el poder por un tiempo prolongado. Los funcionarios de los Ministerios se declararon en huelga y se negaron a entregar los documentos a los comisarios bolcheviques y los ferrocarriles de nuevo fueron paralizados. A los bolcheviques se les exigía compartir el poder con los demás partidos políticos y convocar una Asamblea Constituyente. Pero Lenin ya tenía un programa para el afianzamiento y triunfo del poder soviético que había elaborado mucho antes de octubre de 1917. El hincapié se hizo en el apoyo incondicional del campo, de los obreros industriales y del Ejército, cansado de la guerra. Lenin proclamó entonces la “dictadura del proletariado”.

En los días posteriores se promulgaron diversos decretos que cambiaron el régimen económico, político y social del Imperio ruso. Tras la guerra civil, se fundó en 1922 la Unión Soviética y el nuevo Estado socialista soviético existió hasta el año 1991.

En las últimas décadas, el triunfo del neoliberalismo, y la preponderancia del discurso unilateral de la burguesía, se impuso la ideología en la cuál el progreso se logra por la vía del esfuerzo individual, a través del ascenso social que pueda hacer cada individuo. Los denominados gobiernos posneoliberales, más allá de los discursos, no han cambiado sustancialmente esa ideología. Pero esto no siempre fue así y no es algo eterno, así lo demuestran las revoluciones a lo largo de la historia.

Pero más allá del "triunfo" del discurso capitalista y la impronta que dejó la caída del Muro de Berlín, la Revolución rusa evidenció que, cuando los trabajadores intervinieron como clase, poniendo en pie sus propios organismos, se obtuvieron avances inéditos, en la vida material y cultural del conjunto de un pueblo, imposible de lograrse en algún país capitalista por la vía del esfuerzo individual.

Fuente:

Diario de izquierda, agencia RT

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