¿Qué hacer para entender mejor el arte?

Arte 27/04/2017 Por
A veces resulta dificil pasear por un museo y no sentir esa sensación de vergüenza al escuchar personas opinar sobre un cuadro que nosotros apenas si entendimos.
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¿Qué hacer para entender mejor una obra de arte? Deambular por una muestra artística puede resultar, para algunos, una verdadera proeza. Y algunas veces es una manera sutil de definir al desconcierto de una gran mayoría de frustrados espectadores de obras artísticas que, al parecer, constituyen verdaderos enigmas tanto para los sentidos como para la inteligencia.

Quizás no sea el caso del arte considerado clásico, aquel en el que es posible reconocer ciertos parámetros de belleza universales, en el que la técnica se destaca, en el que sentido proviene de la obra en sí misma y no tanto de la actividad de quien contempla. No, el desconcierto no suele ser provocado por esta clase de expresiones artísticas, sino por lo que hoy llamamos “arte moderno”.

Moderno referido tanto al período artístico que designa, como también al llamado arte contemporáneo, es decir, el que se crea en el presente. Una de las clásicas conclusiones durante discusiones entre quienes saben poco y nada de arte es el repetido “todo vale”. Es decir, un criterio que afirma que no hay distinción entre obras buenas y malas, sino que cualquier expresión que se jacte de artística pasa, inmediatamente, a ser considerada como tal.

Sin embargo, esta creencia acerca del arte contemporáneo no resulta justa para con los verdaderos artistas que hoy se esmeran en sus creaciones. Las grandes cuestiones, entonces, serán, ¿quién entiende al arte moderno?, ¿cómo interpretarlo?, ¿a través de qué cristales se debe contemplar una obra perteneciente a este período? ¿qué es lo que hace que algo sea una obra de arte y no un mero dibujo?
El juicio estético válido.

En principio, cabe aclarar que la discusión acerca de los criterios estéticos para valorar obras de arte resulta un tema complejo que, actualmente, se encuentra en plena discusión y transformación. Eva Grinstein, Directora del Área de Artes Visuales del Centro Cultural Rojas (UBA), indica que el debate sobre esta cuestión se origina “desde comienzos del siglo XX, en la revolución de las vanguardias europeas, y sobre todo, a partir de la obra de Duchamp”.

En coincidencia, Griselda Barale, Profesora de Estética de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) sostiene que “elaborar criterios para juzgar el arte no es tarea sencilla y, menos aún, para el arte contemporáneo”. A su vez, el juicio estético nunca podrá contar con el carácter universal que posee el juicio de las ciencias exactas como la física, la matemática, que siempre es unívoco. Al contrario, en el arte la interpretación debe permitir la multiplicidad de miradas. De hecho, un claro ejemplo de la amplitud de sentidos son las obras de arte interactivas ligadas al concepto de obra abierta formulado por Eco que se refiere a la parte que el sujeto posee en la composición de la obra.

Ana María Oliverio, Profesora de Dibujo y Pintura de la Licenciatura de Artes Visuales de la Universidad de Morón (UM), afirma que “la relación entre el espectador y la obra de arte se modificó. Si bien el primero siempre debió ser activo, nunca lo fue tanto como ahora. Es un espectador que debe pensar, razonar, informarse si le interesa”.

La actividad que debe realizar quien disfrutará del hecho artístico comienza, entonces, desde antes de la contemplación de la obra. “Se deben poseer datos de contexto, históricos, biográficos, técnicos que permitan realizar apreciaciones valorativas”, aconseja Grinstein. Actualmente, se destaca la figura del curador como quien valida las obras expuestas. “Desde mi lugar de crítica y curadora trato de brindar claves de acceso basadas sobre mis conocimientos (del artista, de su ubicación socio-histórica, de su obra anterior y sus intenciones) para que algo del proyecto comunicacional, implícito en toda obra de arte, llegue a destino”, indica Grinstein. Norberto Griffa avanza un poco más y señala que “son los curadores quienes crean la obra. Son ellos quienes la interpretan. Es el curador quien dice esto es una obra de arte”.

La belleza y lo sublime

Ahora bien, es posible que en el museo o galería se incluyan obras que no despiertan más que cierto rechazo y que, de ninguna manera, cumplen con los supuestos criterios armónicos del arte. La pregunta es si el arte debe ser bello. O mejor aún, ¿bajo qué criterios se define la belleza artística?
“En arte ya no se habla de belleza, es un valor que dejó de tener vigencia en el siglo XIX”, afirma Barale. A su vez, Grinstein desde el Rojas afirma que “hoy no existen parámetros consensuados de belleza, la noción tradicional de belleza fue altamente discutida y no se ha reemplazado el canon clásico por uno nuevo”. En concordancia, Griffa apunta que “la belleza actualmente no es lo más importante. El nuevo concepto es lo sublime ligado a sensaciones producidas por la obra en sí misma. Dentro de este concepto, entonces, entra la fealdad como valor, como parte del arte. Lo más terrible y lo más horrendo puede ser una obra de arte”.

Sin embargo, muchos se afanan en conservar ideales de belleza antiguos que poco se relacionan con la evolución del arte. “Algunos deben sacarse los preconceptos del arte tradicional. Todavía nos estamos guiando con el canon de belleza del siglo XIX”, advierte Oliverio.

Un poco de esfuerzo para apreciar el arte

Al margen de criterios objetivos para contemplar y disfrutar de una obra de arte, el criterio subjetivo posee un lugar fundamental en la fruición de un hecho artístico. Sin embargo, esta sensibilidad artística no puede adquirirse de la noche a la mañana, requiere de esfuerzo y trabajo intenso para adquirir la llamada educación estética.

“Si bien creo que no hay receta para mirar una obrar, creo en la educación estética, aunque la educación positivista en nuestro país no la ha fomentado en absoluto”, comenta la especialista de la UNT. No existen fórmulas para la contemplación artística, aunque quienes saben coinciden en aconsejar la lentitud de la mirada. “La actitud debe ser abierta, sensible y receptiva. Quien contempla debe detenerse”, indica Griffa. “De todas maneras, hay obras que se orientan al cerebro, mientras que otras apelan a lo emocional” continúa. Y es en estos niveles en los cuales quien contempla debe saber conducirse.

La formación y el conocimiento ocupan un espacio importante en el disfrute estético. “Se necesita un espectador un poco ilustrado porque hay cosas que se pierden. Es muy bueno que quienes no saben se enfrenten, pero deben eliminar los preconceptos del arte tradicional. Se debe estar completamente abierto. Despojarse de todo lo conocido”, aconsejan desde la UM. En última instancia, se debe tener en cuenta que aprender a contemplar y disfrutar de obra de arte requiere tiempo, paciencia y serenidad. Quizás el mismo proceso por el que los artistas transitan hasta lograr sus sublimes creaciones. De hecho, ya lo dijo Pablo Picasso, “a los doce años sabía dibujar como Rafael, pero necesité toda una vida para aprender a pintar como un niño.” “Y es que, al parecer, se valora con mayor intensidad aquello que no puede hacerse, aquello que deslumbra la mirada”, señala Oliverio.

Por otra parte, la contemplación artística no debe ser ingenua. Es decir, en palabras de Griffa, “cuando un artista hace una línea en el espacio no es tan inocente, se estudia de antemano, hay mucho trabajo conceptual detrás, las figuras no están puestas porque sí”.

“Por mucho que el artista sea necesariamente el origen de la obra de un modo diferente a como la obra es el origen del artista, lo cierto es que el arte es al mismo tiempo el origen del artista y de la obra, todavía de otro modo diferente.” decía Heidegger, a quien pocos podrán contradecir.

¿Dónde y cómo hay arte?

A partir de la década del 80, la pintura neoexpresionista, siendo una manifestación originariamente contestataria, se institucionalizó en la mayoría de los Premios y Salones de nuestro país, deviniendo en una hegemónica predominancia. A partir de los 90´, una serie de prácticas artísticas, “alternativas”, búsquedas investigativas con medios y poéticas experimentales, permanecen excluidas del discurso institucionalizado del arte.

En los primeros años del nuevo milenio y luego de una época de desculturización generalizada en todos los ámbitos sociales, comienzan el resurgimiento artístico mediante la avanzada contemporánea de las nuevas tendencias. Estas, intentan traducirse en un origen sociológico que detenta una nueva postura artística en distintos centros o multiespacios de diversidad cultural. Dichos centros, albergan expresiones de toda índole tratando de imponerse en una sociedad que quiere recomenzar, teniendo en cuenta que los orígenes siempre se reavivan en los recambios culturales y por eso el arte como arte mismo se pluraliza en distintos sectores que prodigan ideas heterogéneas, que tratan de unificar sus criterios en la búsqueda de un recomienzo que no es tal.

Seguramente es de esperar que el arte no deje nunca de elevarse y de consumarse, pero su forma en las últimas décadas ha cesado de ser la exigencia suprema del espíritu, para convertirse en un escape del alma de sólo unos pocos privilegiados sin que la sociedad pueda, sepa o quiera disfrutar de los creadores. Es esta dualidad elevación/consumación lo que debemos determinar si todo tiene un origen en la búsqueda de lo estético o si por el contrario, el todo visual debe culminar antes del origen de la obra. Despojarse de antiguos preconceptos, olvidar la belleza tradicional y predisponer el espíritu son algunas de las claves para disfrutar una obra artística. 

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